ODA A MITRE
FECHA
LIBRO
ORIGEN
10 de enero de 1906
Canto a la Argentina y otros poemas y el volumen IX de sus Obras Completas titulado Canto a la Argentina, Oda a Mitre y otros poemas
Apareció en el diario La Nación de Buenos Aires, ARGENTINA
Cingor Apollinea victricia tempora lauro
Et sensi exsequias funeris Ipse mei.
Decursusque virum notox mihi donaque regum;
Cunctaque per titulus oppida lecta suos;
Et quo me officcio portaverit illa iuventus,
Quae fuit ante meum tam generosa torum;
Denique laudari sacrato Caeseris ore
Emerui lacrimas elicuique Deo.
Ovidio.
– I –
«¡Oh, captain! Oh, my captain!», clamaba Whitman. ¡Oh! gran Capitán de un mundo nuevo y radiante, yo qué diría sino «¡mi General!» en un grito profundo ¡que hiciera estremecerse las ráfagas del día! Gran Capitán de acero y oro, gran General que amaste en la acción y el sueño de Psiquis el decoro, el único tesoro que en Dios agranda el átomo de este mundo pequeño.– II –
A la sabia y divina Themis colocaron las Parcas, según Píndaro, en un carro de oro para ir hacia el Olimpo. Que las tres viejas misteriosas hayan parado en un momento -el instante de un pensamiento- el trabajo continuo de sus manos, cuando, de un lauro y una palma precedida, ha pasado el alma de Aquel que los americanos miraron hace tiempo trasladado y fundido en el metal que vence la herrumbre del olvido.– III –
Es de todos los puntos de nuestra tierra ardiente que brota hoy de los vibrantes pechos voz orgullosa o reverente para el que siendo un alma de todo un continente, defendió, Cincinato sabio y Catón prudente, todas las libertades y todos los derechos. Pues él era el varón continental. Y era el amado Patriarca continental. ¡Patriarca que conservó en sus nobles canas la primavera, que soportó la tempestad más dura, y a quien una paloma llevó una rosa al arca, rosa de porvenir, rosa divina, rosa que dice el alba de América futura, de la América nuestra de la sangre latina!– IV –
Jamás se vieron una lealtad mayor que la del León italiano al amigo de América que amó en fraterno amor. ¡De Garibaldi y Mitre las dos diestras hermanas sembraron la simiente de encinas italianas y argentinas que hoy llenan la tierra de rumor! A ambos cubrió la gran sombra del Dante, y en el Dante se amaron. En el vasto crisol se encontraron un día dos almas de diamante hechas de libertad y nutridas de sol.– V –
¡Cóndor, tú reconoces esos sagrados restos! ¡Oh, tempestad andina, tú sabes quién es él! Doncellas de las pampas, rellenad vuestros cestos de las más frescas flores y de hojas de laurel.– VI –
De las fechas de púrpura de la Historia Argentina, del fulgor de sus glorias, de su guerrero horror, de todo ello se enciende tu apoteosis divina hecha de patrio fuego y universal amor. Cristal y bronce el verbo y de cristal tu idea, tuviste el equilibrio que mantiene en sí mismo, y ajeno a los halagos de la nocturna Dea, subiste a las alturas sin miedo del abismo. «Los dioses y los hombres tienen un mismo origen», dice el lírico. Y sabe que el orbe entero gira por las manos supremas que un plan supremo rigen como los sacros dedos el alma de la lira. Cuando hay hombres que tienen el divino elemento y les vemos en cantos o en obras traspasar los límites de la hora, los límites del viento, los reinos de la tierra, los imperios del mar, ¡sepamos que son hechos de una carne más pura; sepamos que son dueños de altas cosas, y los que encargados del acto de una ciencia futura tienen que darle cuenta de los siglos a Dios!– VII –
De la magnífica marea hecha de sombra, hecha de idea, que sube del mar popular, asciende a tus conquistas sumas el perfume de las espumas de ese inmenso y terrible mar. Pues tu pueblo te ama, austero y pensativo caballero que hiciste del deber tu cruz, y a quien el arcángel ardiente de la guerra besó en la frente dejando una estrella de luz. ¡Cuántas veces tu diestra augusta, cuántas tu palabra robusta conjurara la tempestad! ¡Cuántas salvaste la bandera, y cuántas la Argentina fuera por ti sacra a la Humanidad! ¡Cuántas evitaste los llantos, la triste faz, los negros mantos y el morder las manos de horror! ¡Cuántas con tus acentos grandes apartaste sobre los Andes nubes de trueno y de dolor!– VIII –
¡Ilustre abuelo!, partes, pero cuando contempla el orbe entero la obra en que hiciste tanto tú, ¡triunfo civil sobre las almas, el progreso llena de palmas, la libertad sobre el ombú! Tu gloria crece y se ilumina en la República Argentina con una enorme luz de sol, y tu idea en el continente ha derramado su simiente en donde se habla el español. Lleno de cívico decoro y limpio de odio y de oro hacia la eternidad te vas, como un jefe amado y amante, con las banderas por delante y las bendiciones detrás. ¡Oh, Capitán! ¡Oh, General!; jefe sereno e inmortal que hacia la sombra te encaminas, recibe el voto de los nobles y la inclinación de los robles y el saludo de las encinas.– IX –
Belgrano te saluda y San Martín y el mundo americano. El alma latina te decora con la palma que anuncia el porvenir fecundo, y una guirnalda fresca y blanca, color de aurora. Pues tú fuiste aquel fuerte que se reposó un día después de los horrores terribles de la guerra, hallando en los amores de la santa Armonía la esencia más preciosa del zumo de la tierra. En el dintel de Horacio y en la dantesca sombra, te vieron las atentas generaciones, alto, fiel al divino origen del Dios que no se nombra, desentrañando en oro y esculpiendo en basalto. Y para mí, Maestro, tu vasta gloria es ésa: amar los hechos fugaces de la hora, sobre la ciencia a ciegas, sobre la historia espesa, la eterna Poesía más clara que la aurora. Cuando, cual los centauros de metopas y estampas, ibas en un revuelo de tempestad marcial, bravo generalísimo, jinete de las pampas, envuelto ya en el alba de un futuro real, quizás te acompañaba, junto al corcel guerrero, la musa de tus años en flor; quizás entonces pensabas en los épicos hexámetros de Homero, sublimes como mármoles y eternos como bronces. Y luego ya en tus horas de Néstor Argentino, sintiendo en ti la fuerza que las edades doma, te acompañaba el soplo del rudo Gibelino y Flacco te traía sus músicas de Roma. Supiste que en el mundo los odios, la mentira, los celos, las crueles insidias, los espantos, se esfuman ante el alma celeste de la Lira cine puebla el universo de estrellas y de cantos. ¡Gloria a ti sobre el sistro antiguo y sobre el parche que ha sonado con duelo a tu fúnebre paso! ¡Gloria sobre el ejército que en lo futuro marche con los ojos en ti como en el sol sin ocaso! ¡Gloria a ti que a Catón y a Marco Aurelio hubiste rimando versos que eran siempre de cosas puras, pues las Gracias brindaron a tu espíritu, triste de pensar, los diamantes de sus minas obscuras! ¡Gloria a ti que en tu tierra, fragante como un nido, rumorosa como una colmena y agitada como un mar, ofrendaste, vencedor del olvido, paladín y poeta, un lauro y una espada! ¡Gloria a ti, pensativo de los grandes momentos, para traer el triunfo del instante oportuno, o cuando hechos relámpagos iban tus pensamientos vibrando en tus vibrantes arengas de tribuno! ¡Ya tu imagen el útil del estatuario copia; ya el porvenir te nimba con un eterno rayo; las líricas victorias vierten su cornucopia, la Fama el clarín alza que dora el sol de Mayo! ¡Gloria a ti que, provecto como el destino plugo, la ancianidad tuviste más límpida y más bella; tu enorme catafalco fuera el de Víctor Hugo, si hubiera en Buenos Aires un Arco de la Estrella!– X –
¡Descansa en paz…! Mas no, no descanses. Prosiga tu alma su obra de luz desde la eternidad, y guíe a nuestros pueblos tu inspiración, amiga de lo bello y lo justo, del Bien y la Verdad. ¡Tu presencia abolida, que crezca tu memoria, alce tu monumento su augusta majestad; y que tu obra, tu nombre, tu prestigio, tu gloria, sean, como la América, para la Humanidad!GLOSARIO:
Psiquis
Themis
El 10 de enero de 1906 apareció en el diario La Nación de Buenos Aires, y ese mismo año se imprimió de forma independiente en París.
Fue un homenaje fúnebre y tributo al político, militar e historiador argentino Bartolomé Mitre.
Fue un homenaje fúnebre y tributo al político, militar e historiador argentino Bartolomé Mitre.
